COLOMBIANIZACIÓN GANA EL XI PREMIO LUIS CABALLERO

El dinero es un mal transmisor de identidad. Sin embargo, puede reemplazarla, pues el dinero proporciona a quien lo posee al menos una sensación de seguridad y de tranquilidad. Por el contrario, quien ni siquiera tiene un poco de dinero no tiene nada: ni identidad ni seguridad

Han, B. (2017). La expulsión de lo distinto. España: Herder Editorial.
Byung-Chul Han.

Entrevista a Broly Banderas, el sicario más famoso de las redes sociales.

La entrevista que sirvió como inspiración para escribir este monólogo fue publicada inicialmente en el blog Narco Noticias en 2014. El archivo original ya no existe. Se puede encontrar la entrevista publicada en inglés en el blog Borderlandbeat.com[1]. Allí explican el supuesto origen de la entrevista y publican algunas fotos que pretenden garantizar su veracidad, Broly aparece con el nombre del blog escrito en su brazo.

Broly Banderas, debe su fama a los cientos de seguidores de su cuenta de Facebook, en la que hasta 2015 publicaba fotografías, principalmente selfies. En ellas, se ve armado, encapuchado, contando dinero, adentro o delante de una camioneta, usualmente en zonas rurales y siempre mirando de manera sensual a la cámara. Las declaraciones publicadas en las redes sociales sobre Broly ahora son una secuencia de apropiaciones en las que el verdadero origen ha desaparecido. No tenemos ninguna fuente verídica que confirme la existencia de este hombre, ni la de su muerte que, según videos publicados en Youtube, tuvo lugar en 2015 durante un combate con autodefensas.

Navegando por la red, buscando a Broly por su nombre, es posible encontrar una enorme cantidad de archivos en línea que refieren a su vida. Generalmente, dan cuenta de su existencia la autopublicación constante de diversos rastros que constituyen una identidad fantasmagórica, que no solamente surge de la primera fuente (el hombre que toma selfies y las publica) sino también de las diversas apropiaciones y reediciones del material original publicado por otros, como los falsos perfiles y fan pages en Facebook o los videos en los que se habla de su muerte. En estos suele aparecer una secuencia de fotos y una voz automatizada relata cómo cayó a balazos el sicario más famoso de las redes sociales. De igual manera, estas publicaciones desencadenan una serie de comentarios hechos por gente que no le conoció. Se construye un nuevo tipo de relato ficcional a partir de un conjunto de señales que circulan en las redes sociales, esto es independiente del cuerpo que las generó, de la intimidad compartida del cuerpo retratado en esas imágenes y referenciado en los textos.

El sicario en el mundo de la colombianización representa el eslabón más bajo sobre el que se soporta toda una estructura delincuencial. En los relatos asociados a la violencia propiciada por el narcotráfico aparece como un hombre joven, casi un niño, que toma la decisión de convertirse en asesino a sueldo por razones vinculadas al ascenso social. Lo ve como su única opción en un sistema que le niega alguna posibilidad de futuro. Al asumir la actividad criminal como fuente de ingresos, el cuerpo del sicario asume la labor de matar y sus ficciones, que inoculan una masculinidad altamente representada, suele ser actuada e interpretada por estrellas de Hollywood. Su figura está instalada en la cultura por medio de la repetición de un patrón tomado de las películas de acción, comportamientos de pandillas barriales y heredada de un criminal a otro como parte de un proceso de formación militar:

  • En los últimos veinte años se consolidó en Colombia una cultura que puede ser denominada como traqueta, un término procedente del lenguaje que utilizan los sicarios del narcotráfico y del paramilitarismo en Medellín, el cual hace referencia al sonido característico de una ametralladora cuando es disparada (tra tra tra). Traqueto (Sic) era originalmente el miembro del escalón inferior en la pirámide delincuencial del bajo mundo paisa[2] que corresponde al matón a sueldo, al sicario que dispara a mansalva y a sangre fría a quien se le ordene, a cambio de una suma de dinero. (Vega, 2015, párr.1)

Existe una cultura del sicariato narrada en diversas versiones de la literatura y el cine. En cuanto a la novela están: No nacimos pa’semilla (1990) de Alonso Salazar, Rosario Tijeras (1999) de Jorge Franco, La virgen de los sicarios (1994) de Fernando Vallejo. En el cine: Rodrigo D. no Futuro (1989) de Victor Gaviría. En la película, el sicariato surge como una solución económica a problemas relacionados con la desigualdad social y la herencia de las violencias que desplazaron al campesinado hacia las ciudades. Asimismo, se relaciona con la posibilidad de ascender económicamente por medio del uso de la violencia para entrar en el mundo del consumo de objetos. Poco a poco, quien decide exponerse a la muerte entrando como mano de obra barata y desechable en la industria del asesinato, va adquiriendo objetos que le permiten llegar a sentirse parte del mundo capitalista de la imagen:

  • Puesto que no conocen más que el fracaso escolar y la precariedad, los jóvenes de barrios problemáticos, se despreocupan del trabajo, tienden a justificar la pequeña delincuencia, el robo y los apaños como recursos fáciles para obtener dinero y participar en los modos de vida dominantes con que los bombardean los medios. ¿Por qué alienar su vida y su libertad con un trabajo que les reporta tan poco? Despreciando la condición obrera y la cultura laboral, rechazando la política y el sindicalismo, los jóvenes marginados, construyen su identidad alrededor del consumo y de la “pasta”, de la pinta y el trapicheo. (Lipovetsky, 2007, p.183)

Un mundo en el que no importa qué haya que hacer para conseguir dinero, estos jóvenes ofrecen sus servicios a sabiendas de que su vida no durará mucho, pero respondiendo a la idea profunda de que no vale la pena repetir la historia de esclavitud de sus padres. Por lo tanto, para estos jóvenes suicidas su propia vida vale muy poco, son el cuerpo que ha perdido el miedo y el respeto por la muerte; son trabajadores desechables que ejercen su labor de exterminadores sin hacerse muchas preguntas, pues sus infantiles mentes (alimentadas por la televisión, la violencia directa que les rodea y el resentimiento de nacer en el seno de toda exclusión) solo les permite ver lo inmediato; son conscientes de que sus vidas “terminarán con la misma rapidez con que vuelan las balas que se disparan” (Salazar, 1990). Berardi analiza esta condición de la búsqueda de heroísmo en los jóvenes al revisar varios casos de asesinos seriales adolescentes. En su análisis encuentra un punto en común: el deseo de ser liquidados por la policía después de cometer un crimen, el término suicide by cop se refiere a esta manera de buscar la muerte, cuando la vida ha perdido todo sentido y se desea morir acribillado. Para el sicario, esto también es una opción, pero ellos son conscientes de que pueden sobrevivir a la muerte después de cometer un asesinato, lo que provoca un sentimiento de superioridad. Descubren el poder que tienen al decidir sobre la vida de otro ser humano.

Los jóvenes de la escuela sicarial también han recibido lecciones de combate mirando los productos de la televisión norteamericana. En muchos casos, estas narraciones fueron usadas como parte del entrenamiento de algunos grupos de sicarios en la Medellín de los 80, como lo afirma uno de los jóvenes entrevistados por Alonso Salazar (1990):

  • Con las películas también aprendemos mucho. Nosotros vemos cintas de pistoleros, Chuck Norris, Cobra Negra, Comando, Stallone, y miramos cómo coger las armas, cómo hacer coberturas, cómo retirarse. Todo eso lo comentamos nosotros cuando vemos las películas.

Otro aspecto relevante de la entrevista a Broly tiene que ver con el ámbito de lo sexual. Según su relato, haberse convertido en sicario, aumentó su capacidad para atraer a las mujeres; pasó de ser un chico tímido que no sabía cómo expresarse a ser un hombre al que buscan para tener sexo. Este es un elemento que destaca en otras caracterizaciones sobre la personalidad de los sicarios, como lo enfatiza Pascual Serrano (1996) en su artículo Sicarios de Medellín:

  • Llega un momento en que los «pelaos» matan por matar, el sicariato surge ante la injusticia social pero también bajo la cultura del consumismo. Esos jóvenes lo quieren tener todo fácilmente. Fueron consiguiendo buenas motocicletas y con ellas, ostentación y mujeres lindas». La cultura del asesinato a sueldo en Medellín es, sin ninguna duda, el resultado de tres circunstancias que confluyeron al final de la década de los ochenta: una juventud frustrada y con poco poder adquisitivo, una cultura del consumismo y la ostentación vigente en el modo de vida occidental, y la demanda de unos carteles de la droga que necesitan eliminar a todas las personas que se interpongan en su carrera hacia el control del mercado de la cocaína y que están dispuestos a pagar bien por los servicios de los sicarios. El sicario es un símbolo de masculinidad. Para las niñas, ser novia de un sicario es un orgullo. (párr.1)

Una parte de este imaginario se refuerza en lo mediático con la construcción de estereotipos sobre lo hípermasculino en los personajes de las películas de acción. Según un estudio realizado por Megan Vokey, Bruce Tetf y Chris Tysiaczny, el cine de acción se centra en un personaje masculino involucrado en situaciones que le exigen demostrar su capacidad para infringir violencia en un entorno de hombres. Generalmente, tiene batirse a muerte con ellos y está rodeado de personajes femeninos victimizados, dependientes la fuerza masculina o seducidos por ella. Vokey, Teft y Tysiaczny (2013) enumeran 4 características del cine de acción:

  • 1.Actitudes insensibles hacia el sexo y hacia las mujeres que se derivan de la creencia de que las relaciones sexuales con mujeres son uno de los orígenes del poder masculino y las sumisión femenina, así como las afirmación de que es aceptable tener relaciones sin preocuparse por el placer de la mujer ni de empatizar con ella. Así las relaciones sexuales equiparan con el dominio sexual de las mujeres. 2. La violencia como algo varonil que se deriva de la creencia de que sobrevivir a situaciones peligrosas es varonil, refleja la creencia de que este hecho de sobrevivir es una manera de hace alarde de dominio y poder sobre el entorno. 3. El peligro como algo excitante que surge de la idea de que sobrevivir a situaciones peligrosas es varonil, refleja la creencia de que este hecho de sobrevivir es una manera de hacer alarde de dominio y de poder sobre el entorno. 4. La dureza como sinónimo de autocontrol de las emociones se deriva de la creencia de que la ira es la única emoción verdaderamente masculina y que expresar cualquier otra emoción, sobre todo si se considera “femenina”, es un signo de debilidad. Así, el hombre para ser masculino, debe controlar sus emociones y reprimir el miedo, la angustia y la vergüenza. (p-9-10)

Desde este imaginario sustentado en lo cinematográfico es posible concluir que el crimen como ocupación laboral, además de ofrecer un sustento económico, constituye una manera de reforzar un tipo de masculinidad con características similares a la del héroe de las películas de acción:

  • Sujetos que contradicen las lógicas de lo aceptable y lo normativo como consecuencia de la toma de conciencia de ser redundantes en el orden económico, y que hacen frente a su situación y contexto por medio del necroempoderamiento y las necro-prácticas tránsfugas y distópicas, prácticas gore. Para convertir este proceso en la única realidad posible, tratando de legitimar por medio del imperio de la violencia, los procesos de economías subsumidas (mercado negro, tráfico de drogas, armas, cuerpos, etc.). Acciones que reinterpretan y crean campos distintos a los válidos y que influyen en los procesos políticos, públicos, oficiales, sociales y culturales. (Valencia, 2010, p.86)

La violencia como una característica de lo varonil y la dureza que le permite asesinar a personas que no conoce sin sentir remordimiento permean al niño sicario, quien se convierte en un ser macabro. Reconoce que la muerte le llegará temprano y que desprecia tanto el valor de su propia vida como para no sentir aprecio por la vida ajena. Esto le da el aval para asesinar a desconocidos a cambio de una cantidad de dinero. El sicario es la base, es el que dispara, el que está dispuesto a asesinar y a ser asesinado.

En los relatos mediáticos relacionados con esta población escasean ejemplos de jóvenes deseosos por transformar la realidad de su comunidad, quienes también abundan en esos barrios y muchas veces mueren bajo las balas de los sicarios.

[1]  http://www.borderlandbeat.com/2014/01/an-interview-with-broly-banderas.html.

[2] Gentilicio coloquial y nacional que designa a nativos del departamento de Antioquia.

Berardi, F. (2016). Héroes: asesinato masivo y suicidio. Ediciones Akal.

Lipovetsky, G. (2007). La Felicidad Paradójica. Barcelona: Anagrama.

Salazar, A. (1990). No nacimos pa’semilla. Bogotá: Cinep.

Valencia, Sayak. (2010). Capitalismo Gore.Barcelona: Melusina.

Vega Cantor, R. (2014). La formación de una Cultura Traqueta en Colombia. Recuperado de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=180935

Vokey, M., Teft, B. y Tysiaczny, Ch. (mayo 2013). An Analysis of Hyper-Masculinity in Magazine Advertisements‖. Sex Roles, 68, 9-10. Recuperado de https://www.researchgate.net/publication/257663883_An_Analysis_of_Hyper-Masculinity_in_Magazine_Advertisements

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    Luis Eduardo Guerra

    “Nosotros siempre hemos dicho, y en eso somos claros, hasta el día de hoy estamos resistiendo y nuestro proyecto es de seguir resistiendo y defendiendo nuestros derechos. No sabemos hasta cuando porque lo que hemos vivido durante toda la historia es que hoy estamos hablando, mañana podemos estar muertos. Que hoy estamos en San José de Apartadó, mañana puede estar la mayoría de la gente desplazada porque puede haber una masacre (…)”

    Fragmento de la entrevista realizada a Luis Eduardo Guerra, al periodista español Javier Moya Cedsala 37 días antes de ser vilmente asesinado.

    La comunidad de paz de San José de Apartadó es un ejemplo de lucha y resistencia civil, por tal razón varios de sus lideres y voceros  han sido víctimas del terrorismo de Estado. El  caso de Luis Eduardo y el de Alfonso Bolívar Tuberquia es emblemático, por la sevicia con que fueron destrozados sus cuerpos, los cuerpos de sus compañeras y los cuerpos de sus pequeños hijos. Este tipo de “ajusticiamiento” que destruye sanguinariamente la vida, que no respeta el cadáver y lo expone como mensaje de terror,   tiene como finalidad advertir a la comunidad que eso le pasa a quienes se atreven a levantar su voz para exigir derechos. 

    “Entregar la vida por no entregar la tierra”

    El 21 de febrero de 2005 Luis Eduardo Guerra fue asesinado a golpes junto a 7 personas más en una masacre perpetrada por el ejército colombiano en complicidad con grupos paramilitares. Junto a él murieron su esposa, Bellanira Areiza Guzmán de 17 años y su hijo Deiner Andrés Guerra, de 11,  Alfonso Bolívar Tuberquia Graciano de 30 años, líder de Mulatos y miembro del Consejo de Paz de la zona humanitario, su compañera Sandra Milena Muñoz Pozo de 24 años y sus hijos Santiago y Natalia Tuberquia Muñoz de 2 y 6 años respectivamente.

    Después de esta masacre en la que fueron descuartizados varios menores de edad, el presidente de ese entonces Álvaro Uribe Vélez en una declaración pública sobre el caso re victimizó a la comunidad de paz  justificando las muertes al acusarlos de tener vínculos con grupos guerrilleros y negando la participación del ejercito colombiano en la masacre. Meses después 

    Una masacre en la que descuartizaron sin piedad a cuatro niños. El país no lloró por esos niños, no fue un escándalo. Murieron a golpe de machete, en manos de militares. El siguiente es un testimonio publicado por la revista SEMANA en el que uno de los militares que participaron en esa orgía de sangre,  explica porqué mataron a los niños: 

    Jorge Luis Salgado, alias ‘Kiko’, paramilitar del Bloque Héroes de Tolová, ahora en prisión, la contó a la Procuraduría lo que ocurrió esa tarde: “…vi que había una mujer muerta en el piso… de repente reportaron a los comandantes de unos niños que estaban adentro de la casa… creo que estaban debajo de la cama… fueron sacados de allí al patio… se le preguntó al comandante que qué se hacía con estos niños y llegaron a la conclusión de que serían una amenaza en el futuro diciendo textualmente que ellos crecían y se volverían guerrilleros… por ese motivo se ordenó ejecutarlos en silencio… fue cuando en esos instantes apareció el papá de ellos, con una rula en la mano… los peladitos gritaron ¡papá!… él les decía que no iba a pasar nada y les suplicó a los comandantes que por favor no fueran a matar a los niños… entonces él se arrodilla con las manos en la nuca… los niños corrieron hacia él… y es cuando el papá, ya consciente de lo que iba a suceder, le dice al niño que ellos iban a hacer un viaje largo y que posiblemente no iban a regresar… entonces la niña le busca al niño una ropita en un taleguito, y se lo entrega diciendoadiós con la mano…”. 

    https://www.semana.com/nacion/articulo/por-que-mataron-ninos/101939-3/

    LOS MATARON PORQUE SI LOS DEJABAN VIVOS, SE IBAN A VOLVER GUERRILLEROS CUANDO CRECIERAN. 

    Según el abogado Jorge Molano solo algunos militares han sido condenados, los mandos paramilitares así como varios mandos militares todavía no responden frente a la justicia.

    Ver más sobre este caso en el documental: Detrás de los Medios, una investigación desarrollada por Producciones El Retorno. 

    https://pbicolombiablog.org/2018/02/21/la-masacre-de-2005-no-fue-el-fin-sino-un-nuevo-comienzo/

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      El sicario más famoso de las redes sociales

      El dinero es un mal transmisor de identidad. Sin embargo, puede reemplazarla, pues el dinero proporciona a quien lo posee al menos una sensación de seguridad y de tranquilidad. Por el contrario, quien ni siquiera tiene un poco de dinero no tiene nada: ni identidad ni seguridad

      Han, B. (2017). La expulsión de lo distinto. España: Herder Editorial.
      Byung-Chul Han.

      Entrevista a Broly Banderas, el sicario más famoso de las redes sociales.

      La entrevista que sirvió como inspiración para escribir este monólogo fue publicada inicialmente en el blog Narco Noticias en 2014. El archivo original ya no existe. Se puede encontrar la entrevista publicada en inglés en el blog Borderlandbeat.com[1]. Allí explican el supuesto origen de la entrevista y publican algunas fotos que pretenden garantizar su veracidad, Broly aparece con el nombre del blog escrito en su brazo.

      Broly Banderas, debe su fama a los cientos de seguidores de su cuenta de Facebook, en la que hasta 2015 publicaba fotografías, principalmente selfies. En ellas, se ve armado, encapuchado, contando dinero, adentro o delante de una camioneta, usualmente en zonas rurales y siempre mirando de manera sensual a la cámara. Las declaraciones publicadas en las redes sociales sobre Broly ahora son una secuencia de apropiaciones en las que el verdadero origen ha desaparecido. No tenemos ninguna fuente verídica que confirme la existencia de este hombre, ni la de su muerte que, según videos publicados en Youtube, tuvo lugar en 2015 durante un combate con autodefensas.

      Navegando por la red, buscando a Broly por su nombre, es posible encontrar una enorme cantidad de archivos en línea que refieren a su vida. Generalmente, dan cuenta de su existencia la autopublicación constante de diversos rastros que constituyen una identidad fantasmagórica, que no solamente surge de la primera fuente (el hombre que toma selfies y las publica) sino también de las diversas apropiaciones y reediciones del material original publicado por otros, como los falsos perfiles y fan pages en Facebook o los videos en los que se habla de su muerte. En estos suele aparecer una secuencia de fotos y una voz automatizada relata cómo cayó a balazos el sicario más famoso de las redes sociales. De igual manera, estas publicaciones desencadenan una serie de comentarios hechos por gente que no le conoció. Se construye un nuevo tipo de relato ficcional a partir de un conjunto de señales que circulan en las redes sociales, esto es independiente del cuerpo que las generó, de la intimidad compartida del cuerpo retratado en esas imágenes y referenciado en los textos.

      El sicario en el mundo de la colombianización representa el eslabón más bajo sobre el que se soporta toda una estructura delincuencial. En los relatos asociados a la violencia propiciada por el narcotráfico aparece como un hombre joven, casi un niño, que toma la decisión de convertirse en asesino a sueldo por razones vinculadas al ascenso social. Lo ve como su única opción en un sistema que le niega alguna posibilidad de futuro. Al asumir la actividad criminal como fuente de ingresos, el cuerpo del sicario asume la labor de matar y sus ficciones, que inoculan una masculinidad altamente representada, suele ser actuada e interpretada por estrellas de Hollywood. Su figura está instalada en la cultura por medio de la repetición de un patrón tomado de las películas de acción, comportamientos de pandillas barriales y heredada de un criminal a otro como parte de un proceso de formación militar:

      • En los últimos veinte años se consolidó en Colombia una cultura que puede ser denominada como traqueta, un término procedente del lenguaje que utilizan los sicarios del narcotráfico y del paramilitarismo en Medellín, el cual hace referencia al sonido característico de una ametralladora cuando es disparada (tra tra tra). Traqueto (Sic) era originalmente el miembro del escalón inferior en la pirámide delincuencial del bajo mundo paisa[2] que corresponde al matón a sueldo, al sicario que dispara a mansalva y a sangre fría a quien se le ordene, a cambio de una suma de dinero. (Vega, 2015, párr.1)

      Existe una cultura del sicariato narrada en diversas versiones de la literatura y el cine. En cuanto a la novela están: No nacimos pa’semilla (1990) de Alonso Salazar, Rosario Tijeras (1999) de Jorge Franco, La virgen de los sicarios (1994) de Fernando Vallejo. En el cine: Rodrigo D. no Futuro (1989) de Victor Gaviría. En la película, el sicariato surge como una solución económica a problemas relacionados con la desigualdad social y la herencia de las violencias que desplazaron al campesinado hacia las ciudades. Asimismo, se relaciona con la posibilidad de ascender económicamente por medio del uso de la violencia para entrar en el mundo del consumo de objetos. Poco a poco, quien decide exponerse a la muerte entrando como mano de obra barata y desechable en la industria del asesinato, va adquiriendo objetos que le permiten llegar a sentirse parte del mundo capitalista de la imagen:

      • Puesto que no conocen más que el fracaso escolar y la precariedad, los jóvenes de barrios problemáticos, se despreocupan del trabajo, tienden a justificar la pequeña delincuencia, el robo y los apaños como recursos fáciles para obtener dinero y participar en los modos de vida dominantes con que los bombardean los medios. ¿Por qué alienar su vida y su libertad con un trabajo que les reporta tan poco? Despreciando la condición obrera y la cultura laboral, rechazando la política y el sindicalismo, los jóvenes marginados, construyen su identidad alrededor del consumo y de la “pasta”, de la pinta y el trapicheo. (Lipovetsky, 2007, p.183)

      Un mundo en el que no importa qué haya que hacer para conseguir dinero, estos jóvenes ofrecen sus servicios a sabiendas de que su vida no durará mucho, pero respondiendo a la idea profunda de que no vale la pena repetir la historia de esclavitud de sus padres. Por lo tanto, para estos jóvenes suicidas su propia vida vale muy poco, son el cuerpo que ha perdido el miedo y el respeto por la muerte; son trabajadores desechables que ejercen su labor de exterminadores sin hacerse muchas preguntas, pues sus infantiles mentes (alimentadas por la televisión, la violencia directa que les rodea y el resentimiento de nacer en el seno de toda exclusión) solo les permite ver lo inmediato; son conscientes de que sus vidas “terminarán con la misma rapidez con que vuelan las balas que se disparan” (Salazar, 1990). Berardi analiza esta condición de la búsqueda de heroísmo en los jóvenes al revisar varios casos de asesinos seriales adolescentes. En su análisis encuentra un punto en común: el deseo de ser liquidados por la policía después de cometer un crimen, el término suicide by cop se refiere a esta manera de buscar la muerte, cuando la vida ha perdido todo sentido y se desea morir acribillado. Para el sicario, esto también es una opción, pero ellos son conscientes de que pueden sobrevivir a la muerte después de cometer un asesinato, lo que provoca un sentimiento de superioridad. Descubren el poder que tienen al decidir sobre la vida de otro ser humano.

      Los jóvenes de la escuela sicarial también han recibido lecciones de combate mirando los productos de la televisión norteamericana. En muchos casos, estas narraciones fueron usadas como parte del entrenamiento de algunos grupos de sicarios en la Medellín de los 80, como lo afirma uno de los jóvenes entrevistados por Alonso Salazar (1990):

      • Con las películas también aprendemos mucho. Nosotros vemos cintas de pistoleros, Chuck Norris, Cobra Negra, Comando, Stallone, y miramos cómo coger las armas, cómo hacer coberturas, cómo retirarse. Todo eso lo comentamos nosotros cuando vemos las películas.

      Otro aspecto relevante de la entrevista a Broly tiene que ver con el ámbito de lo sexual. Según su relato, haberse convertido en sicario, aumentó su capacidad para atraer a las mujeres; pasó de ser un chico tímido que no sabía cómo expresarse a ser un hombre al que buscan para tener sexo. Este es un elemento que destaca en otras caracterizaciones sobre la personalidad de los sicarios, como lo enfatiza Pascual Serrano (1996) en su artículo Sicarios de Medellín:

      • Llega un momento en que los «pelaos» matan por matar, el sicariato surge ante la injusticia social pero también bajo la cultura del consumismo. Esos jóvenes lo quieren tener todo fácilmente. Fueron consiguiendo buenas motocicletas y con ellas, ostentación y mujeres lindas». La cultura del asesinato a sueldo en Medellín es, sin ninguna duda, el resultado de tres circunstancias que confluyeron al final de la década de los ochenta: una juventud frustrada y con poco poder adquisitivo, una cultura del consumismo y la ostentación vigente en el modo de vida occidental, y la demanda de unos carteles de la droga que necesitan eliminar a todas las personas que se interpongan en su carrera hacia el control del mercado de la cocaína y que están dispuestos a pagar bien por los servicios de los sicarios. El sicario es un símbolo de masculinidad. Para las niñas, ser novia de un sicario es un orgullo. (párr.1)

      Una parte de este imaginario se refuerza en lo mediático con la construcción de estereotipos sobre lo hípermasculino en los personajes de las películas de acción. Según un estudio realizado por Megan Vokey, Bruce Tetf y Chris Tysiaczny, el cine de acción se centra en un personaje masculino involucrado en situaciones que le exigen demostrar su capacidad para infringir violencia en un entorno de hombres. Generalmente, tiene batirse a muerte con ellos y está rodeado de personajes femeninos victimizados, dependientes la fuerza masculina o seducidos por ella. Vokey, Teft y Tysiaczny (2013) enumeran 4 características del cine de acción:

      • 1.Actitudes insensibles hacia el sexo y hacia las mujeres que se derivan de la creencia de que las relaciones sexuales con mujeres son uno de los orígenes del poder masculino y las sumisión femenina, así como las afirmación de que es aceptable tener relaciones sin preocuparse por el placer de la mujer ni de empatizar con ella. Así las relaciones sexuales equiparan con el dominio sexual de las mujeres. 2. La violencia como algo varonil que se deriva de la creencia de que sobrevivir a situaciones peligrosas es varonil, refleja la creencia de que este hecho de sobrevivir es una manera de hace alarde de dominio y poder sobre el entorno. 3. El peligro como algo excitante que surge de la idea de que sobrevivir a situaciones peligrosas es varonil, refleja la creencia de que este hecho de sobrevivir es una manera de hacer alarde de dominio y de poder sobre el entorno. 4. La dureza como sinónimo de autocontrol de las emociones se deriva de la creencia de que la ira es la única emoción verdaderamente masculina y que expresar cualquier otra emoción, sobre todo si se considera “femenina”, es un signo de debilidad. Así, el hombre para ser masculino, debe controlar sus emociones y reprimir el miedo, la angustia y la vergüenza. (p-9-10)

      Desde este imaginario sustentado en lo cinematográfico es posible concluir que el crimen como ocupación laboral, además de ofrecer un sustento económico, constituye una manera de reforzar un tipo de masculinidad con características similares a la del héroe de las películas de acción:

      • Sujetos que contradicen las lógicas de lo aceptable y lo normativo como consecuencia de la toma de conciencia de ser redundantes en el orden económico, y que hacen frente a su situación y contexto por medio del necroempoderamiento y las necro-prácticas tránsfugas y distópicas, prácticas gore. Para convertir este proceso en la única realidad posible, tratando de legitimar por medio del imperio de la violencia, los procesos de economías subsumidas (mercado negro, tráfico de drogas, armas, cuerpos, etc.). Acciones que reinterpretan y crean campos distintos a los válidos y que influyen en los procesos políticos, públicos, oficiales, sociales y culturales. (Valencia, 2010, p.86)

      La violencia como una característica de lo varonil y la dureza que le permite asesinar a personas que no conoce sin sentir remordimiento permean al niño sicario, quien se convierte en un ser macabro. Reconoce que la muerte le llegará temprano y que desprecia tanto el valor de su propia vida como para no sentir aprecio por la vida ajena. Esto le da el aval para asesinar a desconocidos a cambio de una cantidad de dinero. El sicario es la base, es el que dispara, el que está dispuesto a asesinar y a ser asesinado.

      En los relatos mediáticos relacionados con esta población escasean ejemplos de jóvenes deseosos por transformar la realidad de su comunidad, quienes también abundan en esos barrios y muchas veces mueren bajo las balas de los sicarios.

      [1]  http://www.borderlandbeat.com/2014/01/an-interview-with-broly-banderas.html.

      [2] Gentilicio coloquial y nacional que designa a nativos del departamento de Antioquia.

      Berardi, F. (2016). Héroes: asesinato masivo y suicidio. Ediciones Akal.

      Lipovetsky, G. (2007). La Felicidad Paradójica. Barcelona: Anagrama.

      Salazar, A. (1990). No nacimos pa’semilla. Bogotá: Cinep.

      Valencia, Sayak. (2010). Capitalismo Gore.Barcelona: Melusina.

      Vega Cantor, R. (2014). La formación de una Cultura Traqueta en Colombia. Recuperado de http://www.rebelion.org/noticia.php?id=180935

      Vokey, M., Teft, B. y Tysiaczny, Ch. (mayo 2013). An Analysis of Hyper-Masculinity in Magazine Advertisements‖. Sex Roles, 68, 9-10. Recuperado de https://www.researchgate.net/publication/257663883_An_Analysis_of_Hyper-Masculinity_in_Magazine_Advertisements

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        Cultura traqueta

        La formación de una cultura «traqueta» en Colombia

        Fuentes:Rebelión

        En los últimos veinte años se consolidó en Colombia una cultura que puede ser denominada como traqueta, un término procedente del lenguaje que utilizan los sicarios del narcotráfico y del paramilitarismo en Medellín, el cual hace referencia al sonido característico de una ametralladora cuando es disparada (tra tra tra). Traqueteo era originalmente el miembro del escalón inferior en la pirámide delincuencial del bajo mundo paisa, que corresponde al matón a sueldo, al sicario que dispara a mansalva y a sangre fría a quien se le ordene, a cambio de una suma de dinero.

        El traqueto resuelve cualquier asunto mediante la violencia física directa, pregona su acendrado machismo, hace ostentación en público -entre sus familiares y otros malandros- de los asesinatos cometidos, despilfarra en una noche de farra el pago que recibe por cumplir un «trabajo sicarial» o por haber «coronado» un cargamento de droga fuera del territorio colombiano, compra con moneda todo lo que esté a su alcance (mujeres, sexo, amigos ), aunque sea pobre odia a los pobres y, a nombre de la moral católica, detesta lo que huela a lucha social en el barrio, la escuela o el sitio de trabajo…

        Esta cultura traqueta salió́ de un marco restringido y perfectamente localizado, cuando el cartel de Medellín y los asesinos de las autodefensas se expandieron por el territorio colombiano. El traqueto, este producto de las subculturas del narcotráfico y del paramilitarismo, en poco tiempo se convirtió́ en el símbolo distintivo de la sociedad colombiana. ¿Cómo y por qué́ sucedió́?

        La imposición de una cultura en la que sobresale el apego a la violencia, al dinero, al machismo, a la discriminación, al racismo, es un complemento y un resultado de la desigualdad que caracteriza a la sociedad colombiana. Para preservar la injusticia aquí imperante, las clases dominantes y el Estado forjaron una alianza estrecha con los barones del narcotráfico y con grupos de asesinos a sueldo, como viene aconteciendo desde comienzos de la década de 1980, cuando mercenarios de Israel adiestraron en el Magdalena Medio a los grupos criminales de las mal llamadas «Autodefensas», con la participación activa del Ejercito, la Policía, políticos bipartidistas, terratenientes y ganaderos.

        Estos grupos criminales, auspiciados por el Estado, tenían como objetivo erradicar a sangre, fuego y motosierra cualquier proyecto político alternativo que planteara una democratización real de la sociedad colombiana, como se evidenció en diversas regiones del país cuando las alcaldías y gobernaciones-luego de que fuera aprobada su elección directa- empezaron a ser ocupadas por dirigentes y militantes de izquierda, elegidos en forma legal. Los gamonales de los partidos tradicionales vieron en peligro su poder local y regional y para mantenerlo optaron por matar a sus adversarios.

        Esto se ejemplifica, para citar solo un caso, con lo que sucedió́ en Segovia (Antioquia) en noviembre de 1988, cuando fueron asesinadas 43 personas y heridas otras 45. La acción criminal tenía como objetivo exterminar en el municipio a los miembros de la Unión Patriótica, el grupo político que había ganado las elecciones en marzo de ese mismo año. El responsable intelectual de la masacre, que ha sido condenado a 30 años de cárcel, un «distinguido» dirigente del Partido Liberal, utilizó a los sicarios y criminales de guerra de las «Autodefensas» para que le despejaran el camino de incómodos adversarios de izquierda y le permitieran mantener su feudo electoral.

        La eliminación de quienes son considerados como enemigos de las «gentes de bien», se sustenta en un visceral anticomunismo, que justifica a posteriori los crímenes de campesinos, dirigentes sindicales, profesores, estudiantes, mujeres pobres, defensores de derechos humanos, militantes de izquierda Los argumentos esgrimidos replican letra por letra lo que originalmente habían dicho Carlos Ledher, Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha (Alias el mexicano), o cualquiera de los barones del narcotráfico y del sicariato, que nunca ocultaron sus credenciales procapitalistas y su odio a cualquier proyecto democrático y de izquierda. Lo que éstos hacían y decían fue apoyado por diversas fracciones de las clases dominantes, (industriales, comerciantes, financistas, exportadores, cafeteros, terratenientes, ganaderos, propietarios urbanos ), junto con las jerarquías eclesiásticas, el mundo deportivo (recuérdese lo que ha sucedido con los equipos de futbol, cuyos propietarios están ligados a diversos clanes del narcoparamilitarismo), las reinas de belleza, los periodistas; todos ellos se convirtieron en sujetos activos y conscientes de la «nueva cultura» y de sus «valores»: violencia inusitada, enriquecimiento fácil e inmediato, endiosamiento del dinero y el consumo, destrucción de las organizaciones sociales y sus dirigentes, eliminación de los partidos políticos de izquierda (el caso emblemático es el de la Unión Patriótica), apego incondicional a los dogmas neoliberales y al libre mercado, posturas políticas neo-conservadoras sustentadas en una falsa moral religiosa mandada a recoger hace siglos (que condena el aborto, la homosexualidad, los matrimonios de parejas del mismo sexo…).

        Después de dos décadas, estos patrones culturales se han hecho dominantes a escala nacional, sobre todo después del 2002, cuando desde el Estado se presentó́ como algo normal y tolerable aquello que identifica al traqueto y se convirtió́ en la lógica cultural hegemónica del capitalismo salvaje a la colombiana. Desde ese instante, la cultura traqueta, de orígenes mafiosos, salió́ del closet en el que estuvo recluida durante varios años y se hizo dominante en el imaginario de gran parte de los colombianos. Lo que antes era condenado adquirió́ prestigio y respetabilidad, porque desde la Presidencia de la República se exaltaban como grandiosas las actitudes y comportamientos delincuenciales propios de cualquier matón de barrio, y la misma Casa de Nariño se convirtió́ en un nido de víboras, ocupado por delincuentes de todo pelambre, empezando por los Jefes de Seguridad, que eran testaferros del paramilitarismo, como se ha confirmado recientemente.

        La prensa y la televisión se encargaron de legitimar y de presentar como aceptable la criminalidad que se implantó en los altos órganos del Estado, en el que se incluye el Parlamento, el poder judicial y el Ejecutivo. Ahora se bendice la corrupción, el robo, el despojo, el enriquecimiento, el nepotismo, y se enaltecen como héroes y salvadores de la patria a los asesinos de cuello blanco y a sus sicarios y, al mismo tiempo, se fomenta el odio, el espíritu guerrerista, el clasismo, y se adora a los «nuevos héroes» de la muerte, entre los que sobresalen los jefes paramilitares, empezando por sus ideólogos presidenciables.

        En la televisión se promociona la estética traqueta (Sin tetas no hay paraíso, Pablo Escobar, El Mexicano y otras series por el estilo), con la cual se convierten en valores dominantes el individualismo, la competencia, el culto a la violencia, la mercantilización del cuerpo, la prostitución, el sicariato, la adoración a la riqueza y a los ricos, el desprecio hacia los pobres… Futbol, mujeres desnudas, telenovelas, chismes de farándula sobre las estupideces que realizan las vedettes constituyen el menú́ de imágenes y sonidos que presenta la televisión colombiana y que configura el telón de fondo de la cultura traqueta que se erige como modelo de vida para millones de colombianos que jamás saben de la existencia de un libro, de un debate de ideas, de una obra de teatro, de un poema, y de todo aquello que ilustra y hace culto a un pueblo. Como nada de esto se le ofrece a la gente a través de la televisión, ya no se soporta algo que suponga razonar, pensar, cuestionar o dudar, sino que, como borregos amaestrados, los televidentes consumen la basura mediática que se les brinda a diario, que profundiza la ignorancia de todas las clases, y se vuelve normal la persecución de todos aquellos que piensen y actúen en forma diferente a los cánones traquetos establecidos.

        Desde el Estado y la televisión se tornaron dominantes en el país algunas pautas culturales que antes eran excepcionales y localizadas y, en gran parte de los colombianos, se volvió́ costumbre «aprovechar cualquier papayazo», eufemismo con el que se justifica lo que produzca réditos individuales, ganancias y beneficios a costa de los demás, sin importar los medios que se utilicen para alcanzar cualquier fin. Y de esto dictan catedra las clases dominantes de este país y el Estado, porque son las que roban a granel las arcas del erario (los Nule, los hijos de Uribe y compañía), despojan las tierras de los campesinos e indígenas a través de «prestigiosos» bufetes de abogados, como acontece con el Modelo Agroindustrial en los Llanos orientales, entregan los territorios y riquezas naturales y minerales del país a cambio de dadivas insignificantes o de un cargo en una empresa multinacional, se niegan a aplicar las decisiones de tribunales internacionales cuando les viene en gana, como sucede ahora mismo con la decisión de la Corte Internacional de la Haya.

        Le «doy en la cara marica», «fumíguelo a mi nombre», «esa Negra Piedad hay que matarla», «hay que aplicarle electricidad a los estudiantes» son algunas de las frases más infames de los últimos tiempos, que han sido pronunciadas por «notables» personajes desde el ámbito político o mediático, que son reproducidos en la vida cotidiana y se materializan en la violencia física y simbólica de todos los días contra mujeres humildes, indígenas y pobres en general, aunque muchas de ellas sean realizadas por pobres.

        En dos ámbitos se destila cultura traqueta al más puro estilo de Pablo Escobar o Carlos Castaño: en la política y en el periodismo. En la política, ya no se necesita hoja de vida en que consten las realizaciones de un candidato en la esfera pública, sino que se exhibe un prontuario criminal sin pudor alguno, que incita a los electores a votar por los mafiosos de turno, como sucede entre la Camorra italiana.

        Esto se confirma con la lista para el senado del Centro Democrático, cuyos nombres no tienen nada que envidiarle a cualquier catálogo de delincuentes y sicarios, empezando por el nombre que la encabeza. Algo similar sucede con el Procurador General de la Nación, quien muestra entre su palmarés la quema de libros con sus propias manos. Y lo peor del asunto estriba en que esos individuos, que además son terriblemente ignorantes, son respaldados por buena parte de la sociedad, para la cual esos crímenes no son reprochables sino un distintivo digno de ser imitado.

        En el periodismo se ha impuesto el sicario de escritorio, que con impunidad condena a quienes no se pliegan a la lógica dominante -a muchos de los cuales sentencian a una muerte segura-, al tiempo que celebra las realizaciones de los traquetos de cuello blanco en el Estado o en cualquier actividad económica (como acontece con las multinacionales como Pacific Rubiales, La Drumond, Chiquita Brands, Nestlé… que cuentan con una cohorte interminable de plumíferos a su servicio) y aplaude y exalta cualquier estupidez, mentira o acción delictiva que realice alguno de los encumbrados personajes de la politiquería.

        Al cabo del tiempo se entiende que se haya hecho hegemónica la cultura traqueta, algo así como la expresión superestructural del capitalismo gangsteril a la colombiana, el que no repara en utilizar todos los instrumentos (violentos, jurídicos, económicos) para mantener sus niveles de acumulación, que dependen de su postración ante el capital imperialista. Como esos procesos de acumulación de capital mafioso son en esencia violentos y recurren en forma permanente al despojo y a la expropiación (como se muestra con lo acontecido en la educación, la salud, la seguridad social, la tierra, el agua, los parques naturales), no resulta sorprendente que de allí se desprendiera, tarde o temprano, una cultura simétrica de tinte mafioso, en la cual se conjugan los antivalores propios del neoliberalismo económico y del neoconservadurismo político e ideológico con las pautas culturales de la delincuencia y del lumpen. Y, lo que es significativo, la cultura traqueta fue asumida por las clases dominantes de este país que abandonaron cualquier proyecto de la cultura burguesa que antes les proporcionaba una distinción cultural y un refinamiento estético -recuérdese no más aquello de que Colombia era un país de poetas, de escritores y de hombres ilustrados en el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX y que Bogotá́ era la «Atenas Sudamericana»-, y hoy en los encumbrados peldaños del poder económico (capital financiero, por ejemplo) predomina una vulgar lógica traqueta, que destella odio y violencia hacia los pobres.

        Pero, a pesar de la represión, la censura, la persecución, en Colombia no sólo hay cultura traqueta, pues en muchos lugares de nuestro territorio, distintas comunidades preservan sus propios valores y con dignidad practican la solidaridad, la ayuda mutua, el desprendimiento, con lo que ayudan a sentar los cimientos de otro tipo de cultura y de sociedad. En esa dirección, el terreno cultural se convierte en un espacio de lucha, porque la construcción de otra sociedad requiere disputarle la hegemonía a la cultura traqueta e impulsar una contra-hegemonía, que afiance otros valores y formas alternativas de ver el mundo, tal y como sucede en otros lugares de nuestra América en donde se enaltece la vida digna y el buen vivir, como proyectos culturales en los que se enfrenta a la mercantilización, el individualismo, el consumismo exacerbado y el culto a la muerte.

        (*) Renán Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008. Su último libro publicado es Capitalismo y Despojo.

        Artículo publicado en papel en la revista CEPA No. 18, licencia de Creative Commons. 

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          CAPITALIGORE

          …los sujetos endriagos deciden hacer uso de la violencia como herramienta de empoderamiento y de adquisición de capital. Debido a múltiples factores, el uso de la violencia frontal se populariza cada vez más entre las poblaciones desvalidas y es tomada en muchos casos como una respuesta al miedo a la desvirilización que pende sobre muchos varones dada la creciente precarización laboral y su consiguiente incapacidad para erigirse, de modo legitimo, en su papel de macho proveedor. Por un lado, está el hecho de que los pobres ya no pertenecen a una sola clase social, ya no tienen una categoría o condición que los englobe. “La pobreza y la indefensión de masas que hay en nuestras sociedades se manifiestan con rasgos desconocidos” (Lipovetsky, 2007, p. 182). Una situación que trae consigo rasgos de negación y desrealización del individuo. Un tipo de anulación discursiva que rige todo sentido y posibilidad de pertenencia.

          Sayak Valencia, Capitalismo Gore. 

          CAPITALISMO GORE

          El personaje central en esta propuesta, nace como una articulación de diferentes relatos que describen un tipo de masculinidad y se empoderan en la violencia. Siguiendo a la filósofa transfeminista Sayak Valencia, uso la expresión sujeto endriago, que en su libro Capitalismo Gore (2010) plantea el concepto como aquellos que “utilizan la violencia como medio de supervivencia, mecanismo de autoafirmación y herramienta de trabajo” (p.96).

          En Capitalismo Gore, Valencia se refiere al derramamiento de sangre explicito e injustificado (como el precio que paga el tercer mundo que se aferra a seguir las lógicas del capitalismo, cada vez más exigentes), al altísimo porcentaje de vísceras y desmembramientos, frecuentemente mezclados con el crimen organizado. También señala el género y los usos predatorios de los cuerpos por medio de la violencia explícita como herramienta de necroempoderamiento:

          Cuerpos concebidos como productos de intercambio que alteran y rompen las lógicas del proceso de producción del capital, ya que subvierte  los términos de éste al sacar del juego la fase de producción de la mercancía, sustituyéndola por una mercancía encarnada literalmente por el cuerpo y la vida humana, a través de técnicas predatorias de violencia extrema como el secuestro o el asesinato por encargo. (Valencia, 2010)

          En Colombia, muchos de los asesinatos por encargo tienen como objetivo a personas vinculadas a procesos de reivindicación social, es decir, luchadores populares. Según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz en su informe Todos los Nombres, Todos los Rostros (mayo del 2019), hasta la fecha de su publicación, 702 líderes sociales y defensores de derechos humanos han sido asesinados desde la firma del acuerdo de paz en 2016.

          Lo anterior es la materialización del contraste entre los personajes antagónicos: el sicario, protagonista de una gruesa cantidad de ficciones, que terminan normalizando su accionar; las víctimas de Estado, en su mayoría afrodescendientes, campesinos o indígenas, luchadores sociales, que no gozan de representación mediática. Aspecto crucial para reconstrucción de la memoria histórica de los pueblos. Es necesario incluir relatos que cuenten públicamente la vida de aquellos que han sido asesinados luchando por reivindicaciones, de personajes que levantan su voz en representación de colectividades vulneradas por el proyecto neoliberal.

          Sujetos que contradicen las lógicas de lo aceptable y lo normativo como consecuencia de la toma de conciencia de ser redundantes en el orden económico, y que hacen frente a su situación y contexto por medio del necroempoderamiento y las necro-prácticas tránsfugas y distópicas, prácticas gore. Para convertir este proceso en la única realidad posible, tratando de legitimar por medio del imperio de la violencia, los procesos de economías subsumidas (mercado negro, tráfico de drogas, armas, cuerpos, etc.). Acciones que reinterpretan y crean campos distintos a los válidos y que influyen en los procesos políticos, públicos, oficiales, sociales y culturales. (p.96)

          En Colombia, el genocidio es una política de Estado, se refuerza con la impunidad y el desconocimiento de los hechos violentos que han afectado la nación de manera económica y social. Uno de los problemas fundamentales de la exacerbación de la violencia se reduce a su posibilidad de ser negocio rentable; que se haya vuelto un trabajo deseable, dentro de una multimillonaria empresa, perpetua la violación de los derechos humanos y la frustración de procesos relacionados de cambio. Cuestiones de esta índole, no cesarán a menos de que los políticos y empresarios que financiaron ejércitos de asesinos no paguen su deuda con la sociedad. Nuevamente, Valencia (2010) revela ese aspecto económico que en la actualidad trae consigo el asesinato:

          Ahora concebido como una transacción, la violencia extrema como herramienta de legitimidad, la tortura de los cuerpos como un ejercicio y un despliegue de poder ultrarrentable. Lo que se entendía como bajos fondos globales ha dado el salto y ahora convive con la superficie. El Capitalismo Gore se ha infiltrado en nuestra vida y desde nuestro papel de simples consumidores/espectadores no podemos abstraernos de ese hecho. Muchos de los fenómenos que nos son cotidianos se anclan en el crimen organizado. Lo gore ya no se reduce a un género cinematográfico, ni a pasquines o periódicos sensacionalistas. Lo gore es nuestra realidad ahora. (p.96)

          Valencia, Sayak. (2010). Capitalismo Gore.Barcelona: Melusina.

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            NARCOPALABRAS

            NARCOPALABRAS. NARCOREALIDADES. NARCOFICCIONES

            El uso indiscriminado de la palabra Narco permea documentos académicos, ficciones y noticias. El prefijo narco surge inicialmente de la palabra narcótico. Tanto narco, acortamiento de narcotraficante convertido en prefijo, como narco-, elemento compositivo, se incorporan al Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua,

            La RAE, en la vigésima segunda edición (2001): “narco (acort.). narcotraficante. Y narco- (de narcótico). Significa ‘droga’. Sin embargo, muchas palabras formadas con el elemento compositivo narco- ya circulaban en los medios impresos. En esta lógica, ‘narco’ es una apócope de narcotraficante, o sea, persona que trafica con narcóticos. La palabra narcótico significa que hace dormir. Es el tráfico de una sustancia que adormece. La relación con el adormecimiento me resulta interesante cuando pienso en los productos audiovisuales como un elemento narcótico. Esto se  relaciona profundamente con el enorme protagonismo que se ha dado al narcotráfico como una ficción glamorosa que viene a negar las causas profundas generadas por la guerra, contra el tráfico de estupefacientes.

            La excesiva circulación de información, fácilmente convierte al consumidor-usuario en un especialista en historia, en un opinador que sustenta sus valoraciones en productos audiovisuales e informativos de mayor alcance mediático. Leer el hecho ficticio como una realidad y los hechos coyunturales que suceden en el presente, al igual que en los años 80, son soportados por el conocimiento previo tomado del mundo del entretenimiento y el espectáculo noticioso: 

            Se ha puesto de relieve hasta qué punto las news (sic) descansaban sobre los mismos resortes que el espectáculo: dramatización de sucesos, búsqueda de lo sensacional, fabricación artificial de vedettes, la totalidad de la información está intencionadamente marcada por la rabiosidad de la primicia y por la voluntad de dar a conocer la novedad y lo inesperado según una lógica análoga a la de la moda. (Lipovetsky, El Imperio de lo Efímero. 1990, p.264) 

            La mundialización de la problemática del narco y su hípervisibilidad mediática estimula la creación constante de nuevas palabras compuestas que son publicadas en diferentes medios de información, como narcocasa, narcoavión, narcoguerra, narcoterrorismo, narcoguerrilla, narcoavioneta. Las definiciones suelen darse desde un espacio coloquial y consecutivo, por ejemplo, narcoperro: perro encontrado en una narcocasa: casa en la que estaban haciendo una narcofiesta: fiesta en la que estaba tocando una narcobanda: banda que toca narcocorridos: música tradicional mexicana en la que se cuentan las hazañas de los narcos.

            El uso del prefijo en los titulares invita al lector a entender que el artículo está relacionado con el narcotráfico, lo cual puede ser un gancho seductor puesto que este tema es de alto interés para diversas audiencias.

            A diferencia de estas enunciaciones de tono sensacionalista, los fenómenos mediáticos como la narcoliteratura, los narcocorridos o las narcotelenovelas, que conforman un conglomerado de producción cultural derivado de la narcocultura, funcionan como soporte del mito de lo narco en la sociedad. Sus mecanismos son las narrativas, los imaginarios, lo mítico y la estética, en conjunto forman una ficción histórica para la audiencia del entorno de vida de los narcotraficantes.

            NARCODISTRACCIONES

            El término narcoterrorista, asociado a narcoparamilitarismo y narcoguerrilla, es bastante utilizado en los medios de comunicación colombianos y ha modificado el modo como se denomina a los dos principales grupos armados partícipes en la guerra. El uso del prefijo sustenta una serie de informaciones que suponen la financiación de los grupos con dineros provenientes del narcotráfico. La clasificación de ambos bandos con el mismo término desdibuja las diferencias entre los dos tipos de narcoterroristas, los unos apoyados por el Estado y los otros alzados en armas en contra del Estado. A causa de esto, se minimizan las razones de la guerra a una mera lucha por control del tráfico de estupefacientes; se inmiscuyen los relatos públicos relacionados con los grupos guerrilleros, cuya representación mediática ha sido creada por sus contrincantes. La satanización de este último ha contaminado otras fuerzas de oposición no armada, lo que ha justificado las masacres perpetradas por los narcoparamilitares contra la población campesina acusada de colaborar con la narcoguerrilla. 

            El imaginario colectivo ha sido manipulado a través los medios que desinforman y adormecen, en un acto de narcosugestión maniquea. Este relato asume valores, establece y elige entre buenos y malos, de acuerdo con los intereses de políticos inescrupulosos. Incluso, con estas estrategias, podría suceder que en algún momento califiquen este proyecto como narcoarte.

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              PLATA O PLOMO

              PLATA O PLOMO

              El enunciado “plata o plomo” es una de las citas más internacionalizadas de la marca Pablo Escobar a pesar de su muerte. Esta brillante frase que respaldada por toda una idiosincrasia nacional,  ha servido como  fuente de inspiración para una enorme gama de productos, auténticamente colombianos, una rentable variedad de souvenirs que permiten a los consumidores entrar en contacto publicitario con una de las figuras con mayor proyección internacional de Colombia. Esta frase se hizo popular gracias a una escena en la que Pablo Escobar, al ser descubierto en un retén del ejército con un cargamento de contrabando, le ofrece al interlocutor que lo confronta la posibilidad de recibir dinero: plata o recibir una lluvia de balas: plomo. 

              La personificación del asesino a sueldo en esta parodia de un video musical, inspirado en la figura del rapero gángster de los videos musicales, cuenta una ficción en la que el acto de matar es banalizado, como en las películas de acción, uno tras otro. los cuerpos de los actores caen  acribillados bajo las balas de los protagonistas, se actúa sobre la actividad asesina y se registra la muerte en masa indiferentemente. Las historias sobre los crímenes se parecen a la realidad, el protagonista reflexiona sobre su peligro, confiesa específicamente, se siente orgulloso de sus asesinatos. La sangre derramada en la televisión no salpica, pero la forma en que se relata la muerte a diario es la percepción de la realidad de los consumidores.

              En la parte final la canción cambia la perspectiva y se frasea: Machismo que me mata, que te mata, que los mata Plomo, plomo, plomo, todo por la plata (bis) 

              Con esta frase se trae un final conclusivo para el discurso contradictorio que expone la canción, el machismo como responsable de la muerte de muchos. El machismo como un accionar nocivo que me mata, que te mata, que los mata. Esa construcción de masculinidad tóxica que perfora con plomo  los cuerpos de otros y está dispuesta a recibir plomo con tal de ganar plata. Esto no es más que un intercambio normal en el sistema necro-capitalista; los asesinos y los cadáveres putrefactos, se convierten en valor de cambio en el negocio de los tráficos cobijados por la ilegalidad mediática. Allí, multitudes hombres compiten por avanzar en una pirámide de poderes, aplastándose unos a los otros y quien está al mando no es el más capaz o el más inteligente, sino el más sanguinario.

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                LA MARCA PABLO ESCOBAR

                LA MARCA PABLO ESCOBAR

                La marca Narcos encierra otra marca llamada Pablo Escobar, pero también lo son cada uno de los actores, el director, el guionista, la DEA, el Cártel de Medellín, los artistas que participan allí, el cantante de la banda sonora, las modelos que actúan. Todos ellos son marcas respaldadas por un currículo profesional que se mide de acuerdo con estándares instaurados por el protocolo del régimen del semiocapitalismo:

                No importa de qué se trate. Universidades como Harvard, museos como el Louvre, compañías de seguros y hospitales, autores, actores, deportistas son marcas. Casi todas las cosas que aspiren a pervivir con fuerza deberán reencarnarse en una imagen de marca, en una marca con imagen. La imagen salva. (Verdú, 2003a, p.39)

                La oportunidad de difusión de contenidos de una serie televisiva en línea es mucho mayor a la de cualquier otro producto audiovisual, porque sus posibilidades de ramificación se potencian gracias a las redes sociales y a los subproductos que se derivan de cualquier relato mediático de alto impacto. No basta con que el producto exista, sino que a través de estas plataformas se hable de él, sus protagonistas son entrevistados, se hacen memes, fan pages, programas de farándula, chismes, portadas de revistas y toda una estructura que tiene como objetivo posicionar la marca en la mente del consumidor y, de paso, los elementos ideológicos con los que está comprometida. La flexibilidad de los tiempos de recepción y la amplia presencia de contenidos en redes sociales hacen de Netflix un innovador modelo de negocio en la producción, distribución y consumo de contenidos audiovisuales. Estas prácticas publicitarias forman parte del sistema transnacional de relatos que presentan narraciones fragmentadas en torno a sucesos históricos, geográficos y políticos que se presentan como realidades asociadas a la identidad nacional. De acuerdo con Gilles Lipovetsky en su texto El imperio de lo efímero (1990b), 

                Los mass-media inducen al individualismo, al consumo del espectáculo en reemplazo de la realidad, al abandono de las utopías en pos del pragmatismo, a la búsqueda del progreso individual sin importar lo que suceda a la colectividad, “estimulando las actitudes pasivas, embotando las facultades de iniciativa y creación y desalentando las actividades militantes; la cultura de masas no hace más que ampliar la esfera de desposesión subjetiva y actuar como instrumento de integración en el sistema burocrático y capitalista” (p.264).

                La marca Narcos y la marca Pablo Escobar son exitosas en el mercado del entretenimiento, dado que son reconocidas internacionalmente. Son la representación de intereses que van más allá de lo meramente comercial, pues su caracterización no es ingenua. Están basadas en archivos para reconstruir un insistente relato que evidencia una posición política frente a los hechos. Incluso, sus narrativas alteran información y hechos que aún hoy son objeto de investigación judicial. La ambientación histórica perfila a un país azotado por el narco y la amenaza comunista, sin hacer referencia a la asociación directa entre el Estado en su momento, el paramilitarismo y el narcotráfico como parte de un proyecto político de largo aliento ya consolidado. Ni mucho menos se presenta la relación del conflicto armado en Colombia con el régimen neoliberal sostenido en la corrupción, el genocidio y la impunidad. En resumen, las narcoseries y las narcotelenovelas son la reescritura espectacular de la historia con guiones, pensados estratégicamente y puestos en escena en diversidad de formatos, cuya meta es contarle al ciudadano la versión oficial de los hechos y justificar una guerra narcotráfico.

                Como dijo el director de cine Michael Moore al recibir el Oscar por su documental Bowling for Columbine (2002), en marzo de 2003: 

                “vivimos en tiempos de resultados electorales ficticios que deciden un presidente ficticio que nos manda a la guerra por razones ficticias” (citado en Vega, 2003, p.30).

                Siguiendo esa lógica, las noticias tendenciosas se soportan sobre relatos ficticios y, como consecuencia de la repetición de los mismos discursos, se justifica lanzar bombas sobre la población civil, mientras la sociedad teledirigida aplaude la mano dura del terrorismo estatal. Ese espectáculo de la violencia solo es observado en las pantallas y es explicado por periodistas que balbucean un discurso diseñado en las oficinas de prensa de

                 la casa presidencial. Las noticias, al ser potenciadoras de las realidades ficticias, separan a los individuos del contacto con el mundo, son una mera construcción mediática de los hechos. Según David Walton (2018):

                Lo “real” de las noticias es el espectáculo, la simulación. No tiene sentido que el espectáculo de la guerra se base en una representación consecutiva de eventos; los medios de comunicación funcionan según sus propios códigos, intereses y convenciones. (s.p.)

                Para continuar con el análisis tomo el concepto capitalismo de ficción de Verdú, quien caracteriza al capitalismo de los últimos 30 años 

                como un sistema donde lo “real” se convalida por la “realidad del espectáculo”; sistema en el que el uso de la ficción impregna todos los relatos, se toma la realidad y se le convierte en un producto del relato ficcional espectacular. La audiencia se relaciona con una serie de códigos aprendidos como vertiente de una secuencia dada y estructurada con fines comunicativos muy específicos:

                La atracción del espectáculo radica no ya en el puro espectáculo de lo real,

                sino en la realidad misma “dando el espectáculo”. De esa manera, los espectadores se sientan ante la pantalla no tanto para ver un espectáculo, sino, cómo la realidad se espectaculariza ante sus ojos. (Verdú, 2003, p.64)

                Según esas versiones de realidad ficcionalizada, las figuras ahora recicladas por medio de la ficción y convertidas en marcas, como: Los Tres Caínes, El patrón del Mal, Narcos y El Capo, incidieron en que se conformara, la versión oficial de la historia de Colombia. En estas representaciones los protagonistas son exaltados como los responsables de las enormes transformaciones ocurridas durante los últimos 50 años y, como si fuera una versión certera de los hechos contada por los noticieros, los programas de opinión y las narcotelenovelas narran la realidad de esa manera, por consiguiente, formando una red multidimensional del mismo relato. La historia la cuenta quien ha ganado la guerra, en Colombia, evidentemente la ganaron las estructuras narcoparamilitares vinculadas a los intereses de las clases dominantes, las mismas que manejan los canales de televisión, la industria y los monopolios de la información en el ámbito internacional.

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                  BRANDALAND

                  La primera marca comercial de carácter internacional que representó a Colombia en el extranjero fue la de Juan Valdez[1]. Pretendía evocar un imaginario de Colombia desde su lado campesino y posicionar ese espacio como productor del “mejor café del mundo”, tipo exportación. Esto fue resultado de una consulta realizada en los 90 por el gobierno nacional y el sector privado, quienes contrataron al economista norteamericano Michael Porter para desarrollar un estudio sobre las debilidades y oportunidades de la economía colombiana (…) Según Porter: Colombia necesita obtener un reconocimiento internacional de sus productos mediante una imagen que se sustente en la calidad y el servicio. La gente en el mundo debería aprender a identificar y a comprar los productos colombianos. Para ello sugiere que el país debe promocionar una imagen que venda el país a los inversionistas. (Echeverry, Rosker y Restrepo, 2010, p.411)

                  Como consecuencia de este tipo de dinámicas publicitarias, Colombia es reconocida por su café y el imaginario de una estrecha relación con campo, cuestión que no podría alejarse más de la realidad de un país divido por lo urbano y lo rural. Por supuesto, estos mecanismos no solo estuvieron presentes en lo económico, también lo han estado en lo ideológico y lo sociocultural. Un ejemplo ideal nos remite al expresidente Álvaro Uribe, cuyo gobierno y figura se ha caracterizado por el uso inteligente y excesivo de propaganda (al mejor estilo de Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda de la Alemania Nazi). Así, más de una década después, en el año 2004, Álvaro Uribe logró convencer a una gran parte de la población del éxito alcanzado por su gobierno en materia de seguridad y economía; sus estrategias se basaron en la “efectividad” de los planes de Seguridad Democrática y la promoción de la idea de que el país estaba en un gran momento, por tanto, el mundo debía enterarse de que Colombia era un gran destino para la inversión y el turismo. El consultor norteamericano David Lightle diseñó una campaña publicitaria llamada Colombia es Pasión y, después de gastar varios miles de millones de pesos analizando lo que significa ser colombiano, llega a la conclusión de que a los colombianos los representa la pasión:

                  Hace mucho, muchísimo tiempo existió un país que tenía una cara triste, ensombrecida por los actos de gente mala que allí vivía, y por eso nadie quería ir a conocerlo, a todos les daba miedo. Lo que nadie sabía, es que en ese país también había gente buena, muy buena, y que esa gente buena era la mayoría. Personas llenas de pasión, pasión por su raza, por su país, por su trabajo, pasión por la vida, por la paz y el amor, ese país existe se llama Colombia, y esa gente buena de la que hablamos está hoy aquí, en las calles, en las oficinas, en los parques, mejor dicho en todos los rincones de nuestro país. (Campaña Colombia es pasión)

                  De esta manera se crea una imagen seductora y reductora que deslinda de su sentido lo histórico; presenta una fábula binaria sobre el bien y mal, donde el primero sale victorioso en esa exótica región salvada milagrosamente por la pasión. Durante el gobierno de Uribe también se realizaron otras campañas dirigidas al público colombiano, de las cuales solo mencionaremos: Vive Colombia, Viaja por ella[2], Colombia, el riesgo es que te quieras quedar[3]. Dichas campañas invitaban a los colombianos a disfrutar de los destinos turísticos al interior del país, vendiendo al mismo tiempo la idea de que era posible hacerlo gracias a que las carreteras se habían hecho más seguras gracias a la “Seguridad Democrática” el programa bandera de la presidencia de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010). Otra campaña fue Los héroes en Colombia si existen[4], cuya finalidad pretendía mostrar a los soldados del Ejército como ídolos dispuestos a dar la vida por la patria y los ciudadanos.

                  [1] Personaje y marca que identifica a Café de Colombia. Fue creado por la agencia Doyle Dane Bernbach (DDB) en 1959 por encargo de la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) con el fin de representar a los más de 500.000 cafeteros colombianos y sus familias.

                  [2] Según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (2011): “la campaña pretende incentivar el turismo doméstico motivando a los colombianos a visitar los diferentes destinos de interés turístico, incrementando así los viajes dentro del país durante las vacaciones y fines de semana” (p.1).

                  [3] Esta campaña se crea ante la gran cantidad de preguntas que surgían en las ferias internacionales sobre los riesgos existentes de visitar Colombia. De ahí nace la idea de enfrentar el problema y simultáneamente presentar una solución: ‘Colombia, el riesgo es que te quieras quedar’, porque el único riesgo es enamorarse de sus paisajes, de su gente, de su comida, de las experiencias que nuestro país le puede brindar a un turista. (El Tiempo, 2007, párr.5)

                  [4] La campaña pretendió visibilizar a los soldados como “héroes de carne y hueso que luchan, sueñan y protegen de día y de noche al pueblo colombiano, bajo la premisa: «aunque no lo conozco, estoy dispuesto a dar la vida por usted»” (Ejército Nacional de Colombia, 2009).

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                    Un país en venta DEF

                    UN PAÍS EN VENTA

                    El país es consciente de que nuestra biodiversidad, nuestros recursos naturales y energéticos son parte del legado que esta generación le dejará al mundo.

                    MARCA COLOMBIA 2017

                    Durante  el gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018) con el fin de rectificar la imagen de Colombia en el extranjero, se invirtieron varios miles de millones de pesos para crear la Marca País Colombia. Uno de los videos comienza con una serie de imágenes de exuberantes paisajes y en voz en off se escucha la voz de Juan Manuel Santos, quien afirma orgulloso:

                    Colombia está pasando por un buen momento, estamos construyendo juntos un país mejor, hoy nos miran con otros ojos, hablan de nuestro país como una estrella fulgurante y nos proyectan como el nuevo tigre de América Latina. Tenemos lo que el mundo necesita y le estamos dando soluciones al mundo. (Marca Colombia, 2013)

                    En este video aparecen hombres y mujeres, entre ellos, el exmandatario Santos, explicando el concepto de la campaña y lo que identifica a esta nueva Colombia, una nación lista para ser vendida a transnacionales:

                    Bienvenidos a esta nueva idea de marca, bienvenidos a esta nueva forma de mostrarnos ante el mundo, bienvenidos a un país con una nueva actitud, bienvenidos a esta nueva imagen de Colombia. Una nueva narrativa para un gran momento. Una nueva idea de marca para un país solución. (Marca Colombia, 2013)

                    Por consiguiente, con esta campaña se pretende realizar un supuesto proceso de modernización que deja de lado los problemas estructurales que han agobiado a Colombia por décadas, se concentra en mostrar estereotipos y figuras que son “positivas”.

                    Se pretende borrar no solo la violencia que ha caracterizado el país sino también a sus víctimas. Y al afirmar que el país está entrando en una nueva era de Prosperidad Democrática y que posee riquezas para ofrecerle al mundo, se busca ocultar que éstas siempre han sido manejadas por las mismas élites ultra minoritarias. (Bar, 2013, párr.1)

                    Este sistema de imágenes y conceptos que constituyen la Marca País Colombia no solamente ha funcionado hacia el extranjero, poco a poco lo ha hecho con el ciudadano de las grandes ciudades. Así, este sujeto se apropió del sentimiento de progreso y desarrollo que promueven dichas campañas.

                    Ahora, es suya este tipo de mirada permeada por una gran cantidad de contenidos audiovisuales que circulan al interior de Colombia. La campaña logró convencer a algunos colombianos de que ese mundo publicitario es la realidad, ya sea que la viva o aspire a hacerlo. Este tipo de publicidad es una característica más de la colombianización de Colombia, pues hace parte del mismo sistema de imágenes y contenidos que crea una imagen de país inexistente, con la cual muchos terminan identificándose. Para Vicente Verdú (2003), la comercialización y exposición de un país como una marca basada en la fantasía puede crear lo que denominó “la figura del doble”:

                    Para vencer ese fastidio de lo real, nace la oportuna figura del doble con una doble función: de una parte enaltece al original por su remedo; de otra, produce una imagen por donde se puede circular sin el penoso obstáculo de lo temporal. Porque lo replicado, como lo liofilizado, lo congelado, lo envasado al vacío, perdura liberado del tiempo, impulsado libremente hacia la inmortalidad. (p.39)

                    Así, desde Verdú, los colombianos afectados por la colombianización han escogido la figura del doble, en otras palabras, han elegido una identidad prefabricada por las agencias publicitarias, dejando de lado la violencia, las luchas, la miseria y la desigualdad, así ellos mismos la hayan vivido y heredado. Es así como la memoria y la verdad sobre el conflicto no interesan a muchos y se prefiere una imagen publicitaria que dibuja un país lleno de exóticos paisajes para los turistas, un lugar con recursos naturales para los empresarios, un espacio del cual todos los colombianos se sientan “orgullosos”. En definitiva, Colombia se ha convertido en una tierra de contrastes: ha sido al mismo tiempo el segundo país más feliz del mundo y, según el informe de la Global Witness (citado por Monsalve y Petro, 2017) también el segundo país donde más asesinan líderes ambientales.

                    Regis, B. (diciembre 15, 2013). Colombia popular vs. Marca País Colombia. Palabras al Margen.  Recuperado de http://palabrasalmargen.com/edicion-23/colombia-popular-vs-marca-pais-colombia/?category_id=313

                    Verdú, V. (2003). El estilo del mundo, la vida en el capitalismo de ficción. Barcelona: Anagrama.

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